31.1.17

Para plural, la sociedad vasca

Arregui, el otro día en El Mundo. No debemos cansarnos de repetirlo: para plurales en la península ibérica, las sociedades catalanas y vasca. Esas sí que son comunidades plurinacionales. Aunque haya quien en Madrid aún no se haya enterado...


30.1.17

Personas decentes

Hace ya veintidós años que los nacionalistas de extrema izquierda de ETA decidieron impedir con una pistola que el candidato que iba a ganar las elecciones locales en San Sebastián en 1995 se presentara a los comicios. Lo mataron por la espalda el 23 de enero. Lo mataron a él porque no podían matar a todos sus votantes. Y lo mataron para recordarnos a todos que, desde su punto de vista, la cultura política de las derechas no nacionalistas no tenía sitio en la Euskadi de finales del siglo XX. Así de sencillo. Así de aterrador.

Rogelio Alonso recordaba todo esto el otro día en un artículo necesario. Y recordaba la diferencia entre la decencia y la indecencia. Recordaba, por ejemplo, que Mikel Zubimendi ha dispuesto de un púlpito en la televisión pública nacionalista. Así de edificante. Así de terrible.


29.1.17

27.1.17

Leyes mordaza, pero de las de verdad

A un grafitero le caen, en un ¿? proceso ¿? sin ninguna garantía, dos meses de cárcel por pintar un graffiti. Esta es la Cuba hereditaria de los Castro. Una cárcel en forma de isla. Así que aunque lo han soltado de presidio, El Sexto no es libre. Como no lo es nadie en la isla...

26.1.17

Periferias asiáticas

Leí el otro día en El País una entrevista con Peter Frankopan, un tipo del que oí hablar hace unas semanas en La Vanguardia al hilo de la publicación de su último libro, El corazón del mundo. Fuimos una periferia hasta el XV y quizá volvamos a serlo. El libro tiene buena pinta. 

Habrá que hacerse con él.

25.1.17

De interés

Entrevistaban al profesor Arias Maldonado hace un par de semanas en El Mundo. Sus reflexiones son muy interesantes para ir tirando este miércoles de vuelta a la realidad laboral...


24.1.17

El dolor (de Márai)

Casi recién acabado el libro de Sandor Márai tropiezo con una columna de Arcadi Espada sobre el comunismo y su centenario. No hay más que ver lo que pasó en Yugoslavia o la deriva de la Hungría de Orban o la Rusia de Putin para entender cuál es la verdadera herencia de esa miseria moral e intelectual que es el comunismo. Que se lo contaran a Márai...

23.1.17

Márai en positivo, y en negativo (y IV)

Acabo ya con Lo que no quise decir 

Márai defiende en el libro de manera constante la forma de vida burguesa. El espíritu ilustrado, podríamos decir, atacado primero por los nazis y luego por los comunistas con igual saña. 

Un ejemplo de aquella locura de ataques colectivas es el de Lazlo Bardossy, un hombre al que Márai recuerda como un impecable diplomático húngaro en Londres en los años veinte, claramente demócrata y occidentalizado,que muta en una bestia fascista apenas veinte años después.  

Un libro interesante, ya digo, escrito por un autor fascinante. Un tipo, yo tampoco lo sabía, que en realidad se llamaba Sándor Károly Henrik Grosschmidt. Marai significa "de Mara" el título que le concedieron los Habsburgo.

Aquella Europa...

22.1.17

Periodismo (del bueno)

Todo un ensayo contenido en un artículo periodístico. La carta del sábado de la pasada semana de Arcadi Espada, recordándonos que Hoy también amaneció. Metaperiodismo del bueno. Y ese final, desolador:

"Pero nadie dijo que este fuera un oficio fácil. ¡A pesar de la apariencias! Porque, desdichadamente, quizá sea este el oficio donde se da una desproporción mayor entre su importancia social y la calidad intelectual de los que lo practican. Y lo peor: la desproporción crece por los dos lados."

21.1.17

Márai en positivo, y en negativo (III)

Otro elemento de interés de Lo que no quise decir está relacionado con la modificación de las fronteras húngaras en la época de entreguerras. Como se sabe, el Tratado de Trianón redujo a su mínima expresión al Estado húngaro como consecuencia de la derrota de la Monarquía dual en la Gran Guerra. La pérdida de territorio se convirtió en una obsesión de las élites húngaras y por ello no es extraño que persiguieran una reversión de aquellos lugares a toda cosa, lo que consiguieron con los arbitrajes de Viena a instancias de los nazis. Es interesante porque Márai reflexiona en el libro sobre cómo la vuelta de los territorios eslovacos de la Alta Hungría,  entre ellos su propia ciudad natal, no generó entusiasmo entre aquellos húngaros irredentos. Venían de casi veinte años de democracia en el Estado checoslovaco, para integrarse en una madre patria autoritaria que los miraba por encima del hombro.

Esos mismo húngaros, alucinados, que pensaban al final de la guerra que los aliados no los atacarían y que probablemente, había un acuerdo secreto firmado con Inglaterra y con Estados Unidos. Era todo mentira, por supuesto, pero la capacidad del hombre para engañarse a sí mismo es asombrosa...

20.1.17

Esta es la clave

Un artículo luminoso de Ruiz Soroa, el otro día en El País. La clave, la separación entre la esfera del derecho y la esfera de la política. Este párrafo, este, refiriéndose a ambas esferas: "Es decir, que están ordenadas entre sí de manera que es el orden jurídico el que establece el suelo mínimo de la política, y que por ello ésta sólo puede entrar a jugar allí donde el Derecho se lo permite. Y no al revés. La demoprotección es previa a la demoparticipación (Sartori)".

19.1.17

Márai en positivo, y en negativo (II)

Un elemento interesante que aprendo leyendo Lo que no quise decir. El almirante Horty, nacido en plena gran llanura húngara, hablaba un húngaro inseguro y con un fortísimo acento alemán. Horty ingresó con apenas catorce años en la Academia Naval de Fiume, y como allí la lengua de trabajo era el alemán, eso hizo que el almirante se sintiera más cómodo en esa lengua que en la de su país. 

No es nada nuevo, como le leí hace muchos años a Juaristi. Es muy habitual que grandes líderes nacionales tengan una relación difusa con la patria a la que dicen pertenecer: De Valera era hijo de un español, Napoleón era corso, Stalin georgiano y el pangermanismo es el invento de un inglés

Hay que ver lo que da de sí la imaginación... 

18.1.17

Viajar para recoger un cadáver

El 2 de enero de 1979 la organización nacionalista y de extrema izquierda ETA asesinó al artificiero de la Policía Nacional Francisco Berlanga, Tenía 26 años y era malagueño. Según cuenta El País, se enfrentó a la bomba sin ningún tipo de protección. Como su estancia en Navarra iba a ser corta, su mujer Lina Navarro se quedó en Málaga. La primera vez que viajó a Pamplona fue velar el cadáver de su marido. Quedó viuda con tres hijos. Su desagarrador testimonio,  en un breve vídeo, aquí

Sus asesinos, por cierto, estuvieron menos de veinte años en prisión. 

17.1.17

Márai en positivo, y en negativo (I)

Rematé Lo que no quise decir, el volumen que Sándor Márai no quiso añadir a sus memorias. Un par de capítulos que reflexionan sobre la década que transcurre entre la anexión de Austria por la Alemania nazi y la anexión de Hungría por parte de la Unión Soviética. 

El libro se lee rápido pero es irregular. El autor se pierde en disquisiciones sobre la naturaleza húngara y sobre la psicología colectiva de los pueblos que fueron superadas hace muchos años y  ya no tienen ningún interés. Y esa es quizá la parte más floja, quizá por ser la más nacional-ista. 

Aún así, el libro tiene interés desde este lado de Europa. Por la crisis de la cultura liberal burguesa en la Europa de entreguerras, una cultura asediada por los totalitarismos de izquierda y de derecha en varios países de la Europa central durante aquellos años. Marai destaca cómo casi los mismos argumentos que eran utilizados por los fascistas húngaros contra la burguesía parasitaria y judía, fueron utilizados menos de diez años después por los comunistas una vez que los soviéticos convirtieron al país en un satélite...

Para el lector que además de no ser húngaro sea inquieto, el libro le permite familiarizarse con un conjunto de políticos húngaros y sus dramas vitales y personales. Ahí está el caso de Esteban Bethlen, aristócrata transilvano y que pensó que podía ser capaz de lidiar con nazis y soviéticos, sin entender que alguno de los dos acabaría matándolo, como así sucedió, en este caso los soviéticos, que nunca entregaron su cuerpo.  También es interesante la vida de Pal Teleki, primer ministro que se suicidó  en abril de 1941, la noche en la que los nazis atravesaron las fronteras del país para atacar a Yugoslavia

16.1.17

Bombas por algo

La tremenda coletilla. Publica El País el 3 de enero de 1979 una noticia sobre el asesinato de un artificiero en Pamplona y se informa también de una bomba que destroza una cafetería en la capital navarra. La última línea de la noticia, desoladora: "Al parecer, la cafetería Kabul, era frecuentada por personas de extrema derecha"

(ETA no destroza cafeterías sin motivo, le faltó decir al periodista...).

15.1.17

Los libros, por Milosz

Alertaban el otro día los editores sobre el estancamiento de la lectura, y yo recordaba un maravilloso poema de Milosz que le comparto, desocupado lector, desde otra bitácora sobre esos libros que seguirán en los estantes cuando ya no estemos...

Pero los libros seguirán en los estantes, seres auténticos
Que aparecieron una vez, frescos, todavía húmedos,
Como castañas brillantes bajo el árbol en otoño,
Y empezaron a vivir, tocados, acariciados,
A pesar del resplandor en el horizonte, de castillos saltando por los aires,
De las tribus en marcha, de los planetas en movimiento.
Somos, dijeron, incluso cuando les arrancaron las hojas
O cuando la llama ardiente lamía las letras.
Mucho más duraderos que nosotros, cuyo calor frágil
Se enfría junto con la memoria, se disipa, desaparece.
Me imagino la tierra cuando yo ya no esté
Y no pasará nada, ninguna pérdida, seguirá el mismo espectáculo,
Los vestidos de las mujeres, un jazmín húmedo, una canción en el valle.
Pero los libros seguirán en los estantes, de buena estirpe,
Nacidos de la gente, aunque también de la luz, de las alturas.

13.1.17

Aquellos niños

Rematado también, cortesías de las fiestas, Mi infancia en Moscú (estampas de una nostalgia), las pinceladas de la infancia del niño asturiano de la guerra José Fernández Sánchez, nacido en Ablaña. Las estampas del libro, contadas con sencillez, tienen mucho de terribles. Personas humildes que pasan hambre. Hombres buenos que son detenidos. Genocidios como la deportación de los alemanes del Volga después del verano de 1941, las purgas a ras de suelo. Hans un comunista alemán de unos cuarenta años, desaparecido una tarde. La terrible historia del niño Ángel Morillo, de Éibar, enfermo de tuberculosis y que la noche antes de morir gritó al acostarse "No quiero más que ver España por última vez. Aunque sea por un agujero". Murió y fue enterrado en invierno en Saratov, sin haber vuelto nunca a su tierra natal. 

12.1.17

Cultura de año nuevo

Varias cosas en el cine. Estuvimos viendo Passengers. Una idea interesante desarrollada para niños. Simplemente pasable, con unas imagenes espectaculares. En series, iniciamos Billions


Una serie sobre el dinero y el poder con muy buena pinta, y con esos dos monstruos que son Giamatti y Lewis

La iniciamos después del intermedio que hemos hecho con Planeta Tierra, de la BBC, un documental magníficamente rodado sobre nuestro mundo. 

11.1.17

Durmientes

Aproveché las navidades para rematar Los Durmientes, de Luis de León. Una novela irregular sobre un tema muy interesante: la existencia de redes de espionaje soviético en la España de la dictadura y de la transición. Una novela sobre identidades y sobre lealtades en la que se alternan varios planos temporales. 

En estas navidades me han seguido cayendo libros. Uno de Kaku con una pinta magnífica sobre el futuro de la física, y el apéndice las memorias de Marái que ha publicado Salamandra.

Iremos viendo.

3.1.17

Placeres de Año Nuevo

En el norte. Con un par de libros. Estoy empezando Mi infancia en Moscú, también de José Fernández Sánchez, los recuerdos en los que un niño de la guerra narra su llegada a Leningrado (pocas semanas antes del asesinato de Kirov, por cierto) y sus primeros años en aquella vasta cárcel que fue la Unión Soviética. Es interesante esta forma de ver la historia con los ojos de un protagonista secundario: el Mariscal Egorov va a ver a los niños españoles y como ve que están en unas condiciones penosas para el invierno ruso, les hace llegar unas mantas magníficas. Tiempo después, el Mariscal es "desenmascarado" como enemigo del pueblo en una de las purgas de Stalin, y el profesor les hace arrancar su fotografía del libro de Historia.

Tengo también ahí pendiente darle un arreón final a Homo Deus, a ver si lo remato y hablamos.