14.9.14

Verdades oscuras

A veces duele leer la prosa de Enric González. Afilada. Dura. un tanto cínica en ocasiones. Lo sigo en El Mundo desde que llegó. Lo leo en otras revistas. Y me dejó sin habla su reflexión en forma de ensayo titulada Los Nuevos Bárbaros. En Jot Down, otro descubrimiento.

Esas verdades oscuras que no queremos poner por escrito pero que todos intuimos. Pues amarga la verdad... escribió Quevedo. Esas verdades que nos muestran terrores lejanos. Ásperos temores. Realidades incómodas. Y ese párrafo, luminoso y terrible:

"No, el responsable de los atentados del 11-M no fue Aznar por sumarse a la invasión de Irak: fueron los yihadistas. No, los estadounidenses no se buscaron los atentados del 11-S: fueron los yihadistas. Si esa minoría fanática e hiperactiva, que dura ya bastantes generaciones y acumula rabia y locura, no es derrotada y suprimida, el caos musulmán se desplomará definitivamente sobre el planeta. La tolerancia con otras culturas carece de sentido cuando hablamos de teocracias delirantes, déspotas grotescos, opresión y miseria"

Y unos se pregunta, leyendo estas cosas, para cuándo una tertulia en la tele con Enric González, Savater, Arcadi, Cuartango y Torreblanca, por ejemplo. 


1 comentario:

Espectador dijo...

Recuerdo un caso imaginario que se planteaba para ver como funciona el instinto ético de la gente.

Una esposa adúltera tiene que volver a su domicilio conyugal; para ello tiene que atravesar un puente en el que ve una figura sospechosa. Como hay suelto un asesino en serie, llama por teléfono a su amante para que la acompañe, pero este se desentiende. Llama entonces a su marido, que ignora su infidelidad, pero éste tampoco puede acudir. Desesperada decide correr el riesgo de cruzar sola y es asesinada. Se pregunta quien es el culpable de que esto haya sucedido.

Algunos dicen que el amante, que debería haberla defendido ya que se ha beneficiado de su infidelidad.

Otros que el marido, que no sabe que la esposa vuelve de un encuentro furtivo y tendría que haberla protegido.

Otros que la esposa, que se la ha buscado por engañar a su marido.

Muy pocos dicen que el único responsable es el asesino.

La conclusión es que el instinto ético de mucha gente deja bastante que desear.