16.1.12

Vaqueros

Rematé la primera temporada de Deadwood. Comprada casi al azar en el cortinglés, la serie recrea la vida en un territorio aún no incorporado a la Unión, en los años setenta del siglo XIX. Un western sin aderezos, agrio; sin esas dos de azúcar en el café / la vida ya es bastante amarga. La historia de unos pioneros, la vida de personas que iban en busca ya no de una vida mejor, sino de una vida. Aquel Seth Bullock implacable, que huía de todo y no paraba de esconderse de sí mismo; ese Swearengen proxeneta, explotador de todos los vicios, profundo conocedor de la naturaleza humana, ese Wild caído que llega ya en retirada, o esa confusa Calamity, cuando aún no sabíamos que la identidad, también la sexual, es una cárcel. Y de fondo, la corrupción y un catálogo repleto de pasiones humanas y de vicios ocultos. Y, pese a todo, una moral: compleja, discutible, pero una moral: la necesidad de defenderse de los indios, de luchar contra las epidemias, de no robar demasiado como para atraer la codicia de los otros. La serie es buena y sigue, en cierta medida, la línea que inició la inolvidable Sin Perdón del maestro Eastwood, alejarse de esa manera algo naif de contar el oeste que nos mostró a todos el maestro Ford, para acercarnos a un mundo habitado por humanos como nosotros, no por esforzados vaqueros y amables señoritas.

Quizá me haga con la segunda parte, ya veremos.

1 comentario:

celtovacceo dijo...

Me gusta este post. Me ha llevado a recordar viejas imágenes, casi como un daguerrotipo, de mi vida. Imágenes en las que veía leer a Marcial Lafuente Estefania. Era la máxima expresión cultural que vi en muchos y muy queridos.