8.8.10

Desde el oeste

No paro. Quizá porque si me paro, la vida se me vuelve un domingo por la tarde, con el móvil metido en un cajón. Fuimos a Trabanca, a poner fin a la hermosa aventura del proyecto de conocimiento mutuo de los jóvenes de ambos lados de La Raya. El viaje fue un recorrido por el occidente zamorano. Cómo va cambiando la luz conforme bajamos al sur. Cómo el paisaje va ganando en encinas y perdiendo robles. Cómo empiezan a aparecer algunos olivos. La división de parcelas en Sayago, hecha con piedra aún más rústica que en la Sanabria. El horizonte que se extiende sin final. La presa de Almendra, espectacular. Trabanca, tengo la sensación, es un lugar hecho a la medida de su alcalde, un poco como le pasa a la Puebla. Un magnífico centro multiusos para un pueblecito de apenas doscientos habitantes. Sesión de trabajo, incluso en agosto. Casi dos horas. Malas noticias para el Maiquel, ya me jode. Al final, la asociación se llamará Saltarigo. Hay que cargarse la frontera. Me sigue dando reparo hablar en público cuando hay mucha gente y cuando lo que se espera de mí es, precisamente, que hable. Aquí nos faltan tanto las aportaciones de Hannah como el sentido común de mi Coronel. Nos vamos al bar, a confraternizar. Como he estado en tres de las sesiones, ya soy capaz de poner algunos nombres. Ivo, mirandés, su hermana Filipa, que vendrá este año a España a hacer una estancia en algún hospital, tras haber acabado enfermería. Le aclaro que si lo que quiere es aprender castellano, que no se vaya a Lugo. Es lo que hay. Sara, la presidenta, portuguesa, que estudia bachillerato en Zamora y que quiere hacer medicina en Salamanca.

Nos vamos de cena. Hay vidas. Un hombre que tras varias años de trabajar en cooperación ha montado una casa rural en los arribes; un técnico de medio ambiente que es bajo en uno de los grupos de rock que va a cerrar la jornada. Un opositor a prisiones. Una muchacha de Burgos que ha vivido en mil sitios. Que fue a Finlandia a estudiar música. Que ahora está en Salamanca. Pase de tacón a Yimi para que remate la jugada. Llegan las copas. La exaltación de la amistad. Se nos ha hecho tardísimo y volvemos para la Sanabria. Hay un buen germen ahí. Espero que les cuaje. El futuro no está escrito en ningún lado. En ninguno. Ni para los territorios. Ni para las personas. Somos, en el fondo, lo que queremos ser.


PS: "¿La patria no es también un paisaje? Para mí, -como para Améry o W.G. Sebald- el paisaje de la patria es un conglomerado de lo vivido y lo leído; pero para un campesino analfabeto la patria estaba simbolizada en los bosques, los ríos, las nieblas o el mar de su tierra originaria […]"

Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 433

1 comentario:

El Coronel dijo...

Lamenté mucho no poder acompañarles en este fin, o mejor, principio del proyecto.
No deje que le pueda la melancolía, los domingos por la tarde sólo llegan si nosotros les dejamos. Está usted rodeado de buenos amigos, familia y sobre todo, su en "La Sanabria". Deje que le sane como ya ha hecho conmigo en multiples ocasiones. Ya queda menos para vernos amigo