29.7.10

Lugares míticos donde se calma...

Estoy encantado transitando los lugares donde se calma el dolor. A ver si lo acabo y tengo un rato para hablarles del libro. Ayer descubrí, casi quince años después, uno de ellos. Le cuento, desocupado lector. Siempre que volvía a casa por la emetreinta desde la Facultad encontraba unos jardines a la altura de Goya. Un día le pregunté a mi padre, a la hora de comer, “Es la Fuente del Berro”, -me dijo mientras apuraba la cabezadita en el sofá- la mejor agua que había en Madrid”. Intenté buscarlo dando paseos al azar, aprovechando que yo en aquellas época, debíamos de estar en el noventa y siete, tenía muy trillado el Barrio de Salamanca. Nunca lo encontré. Es verdad que tampoco lo busqué de manera sistemática, pero en aquella época tan lejana de ausencia de gepeeses y de google maps, no era fácil orientarse.

Nunca lo olvidé.

Ayer salí pronto del trabajo. Me dejé el hueco libre para acercarme a disfrutar de Turner y de su magnífica exposición, pero al final no hubo nada y decidí salir a dar un paseo con la intención de ir andando hasta casa. Como ahora trabajo cerca de la zona, al llegar a O´Donnell empecé a callejear en busca de una biblioteca que sé que hay por allí. Y, de pronto, en Enrique D´Almonte, me di de bruces con él. La Quinta de la Fuente del Berro. Un refugio de sombra y silencio entre la emetreinta y el barrio de Salamanca. Me siento a leer. Es el azar, que a veces es luminoso: César Antonio Molina me lleva a orillas del Moika, en San Pertersburgo, en lo que fue la casa en la que vivió y murió Pushkin y, de repente, alzo la mirada y, alehop, tengo delante una estatua del poeta ruso que alguien colocó aquí alguna vez. Es un momento demasiado hermoso como para saborearlo solo, pero prefiero no descolgar el teléfono. A veces, es verdad, soy demasiado expansivo y pretendo compartir cosas que a los otros pueden no importarles una higa. Así que venzo mi impulso y decido seguir paseando.

Va cayendo el calor en Madrid, salgo del Parque por los Peñascales. La luz de Madrid, cuando declina el día. Hablo con Jesús y nos comentamos recíprocamente un par de artículos. Él ha escrito uno borgeano sobre La Cueva, y yo le comento que cada vez me parece más provinciana la historia local, aunque sea lo único que escribo. Lo universal es lo local sin fronteras, dicen los paletos. Espero que no. Lo universal es, gracias a dios, la ausencia de lo local.

Por cierto, iré a San Petersburgo. A pasear por la Perspectiva Nevski. Ya veremos cuando, pero iré…

PS: "Temo que vamos lenta e incruentamente hacia un mundo sin libros. Internet es una inmejorable disculpa para tanto iletrado resentido. Todo el saber universal está metido en la red, pero cada vez hay menos personas cultas. Y la cultura es la que trae la libertad individual".

Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 228

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero no pudiste resistirte a facebook...

El Perdíu dijo...

Me fascinan estos lectores que, en cada texto, son capaces de quedarse con lo relevante y orillan, sin más problemas, lo accesorio...

El Coronel dijo...

Perdíu, hay momentos que sólo alcanzan su verdadero explendor cuándo se comparten, así que si usted sabe que la persona con la que lo va a compartir será capaz de valorarlo, no se corte, comparta.