8.7.08

Del país de los lazes a la tierra de Sanabria

El país de los lazes. Mi país.
Escribe Ascherson: “preguntar quiénes son los lazes es perderse en los laberintos de las definiciones nacionalistas. Este pequeño pueblo viene fascinando desde hace más de cien años a los lingüistas y antropólogos europeos, que tienen sus propias respuestas. Su idioma, el laz, es un resto de un yacimiento lingüístico anterior y casi perdido. Su idioma pertenece a la familia kartveliana, junto con el georgiano, el mingreliano y el svan. Hacia el año 1000 AC debieron vivir en una zona que los griegos llamaban Cólquide, cerca de Batumi, en la actual Georgia. En algún momento se fueron y llegaron a donde hoy están, en Turquía. No está claro quiénes son”. Yo creo que sí que está claro. Son, en realidad, un pueblo de una etapa prenacionalista. Y como tal actúan. No les preocupa saber quiénes son, sino que se limitan a ser lo que son. No buscan raíces, ni construyen su historia. No les pertenece el futuro, como a los nacionalistas o a los nazis, ni siquiera el pasado. Tampoco les preocupa que pueda desaparecer su idioma, ese lloro melancólico tan típicamente occidental, como si por ello ya no pudiéramos hablar con nuestros muertos. “La postura prenacionalista ante el idioma de la comunidad puede resultar en realidad muy hostil, sobre todo en el caso de los grupos étnicos pequeños”, continúa Ascherson: “El profesor Chris Hann, de la Universidad de Kent, que ha hecho investigaciones antropológicas en Ponto, recuerda “solían acogerse con humor y un poco de burla nuestros limitadísimos intentos de aprender el idioma laz: aprender un idioma extranjero como el inglés o el ruso tenía lógica, ya que contribuía a comunicarse en el mundo exterior, pero el laz estaba en “desuso” fuera de la región de los lazes”. Pienso en la sonrisa escéptica de mi padre o mi madre cuando alguien les habla de recuperar el pachueco, la forma que el leonés adoptó en nuestra Senabria. Va en la lógica de los laz.
Cuando se refieren al idioma, los laces piensan en dos categorías: por un lado está “nuestra” lengua, que se habla en casa y que no es válida para el aprendizaje o la enseñanza formales. Por otro, en cambio, está el idioma de la sociedad general en la que estamos inmersos hay que enseñarlo y aprenderlo, y además escribirlo. De aquí se sigue que cualquier petición de que “nuestro” idioma se enseñe y se escriba incurre en un serio malentendido. En términos prácticos podría llegar a entorpecer realmente “nuestra participación” en esa sociedad general y ser perjudicial para la comunidad. Es exactamente lo que pienso de los intentos de recuperar el leonés. Y son mis recuerdos de infancia. Una jerga en casa, un idioma fuera. Palabras y expresiones que se reservan para el ámbito estrictamente familiar.
Y no vea, lector, demasiada excentricidad en mi postura. En tiempos prenacionalistas hubo figuras destacadas en las comunidades gaelicohablantes de Irlanda y Escocia, como en las chechohablantes de Bohemia, que creyeron que su idioma debía quedarse en la cocina y en las cuadras ya que era un estorbo para la plena participación de la comunidad en el progreso de los imperios anglófono y germanófobo en que vivían. Y si vamos más cerca, lo siento lector, encontraremos posturas similares. Hubo un mundo y una época, en la que una parte muy relevante de las élites autóctonas vascas, autóctonas gallegas y autóctonas catalanas del XIX defendían plena alfabetización en castellano de sus paisanos. Era la Ilustración y era la modernidad. En aquel contexto, el idioma local era un idioma de aldea y campanario y, pensaban los progresistas de la época, el interés de la Iglesia o de los caciques locales en mantenerlos vivos no era inocente. No había entonces traducciones ni de Marx al catalán ni de Montesquieu al gallego.
Y ahí seguimos. Al poder le interesan súbditos monolingües en entornos reducidos. Por algo el tal Montilla lleva a sus hijas al Liceo Alemán.
Así que déjeme, lector, reivindicarme como lo que soy. Un solo laz a este lado de Europa.

PS: Comentaba Félix de Azúa en el mundo el sábado: “que el catalán desapareciese si dejase de ser apoyado por los poderes públicos es otro motivo más para permitir a los padres escolarizar a sus hijos en castellano”.

PD: esto piensan
en el resto del mundo. Tan evidente es que el castellano no está amenazado como que los que están amenazados son los derechos de los hablantes.

1 comentario:

Joao dijo...

Perdiu, aquí un Laz. Efectivamente, en mi pueblo se hablaba una suerte de Galico-Astur-leonés, pasado por el congelador de las montañas.
Cierto es que tiene su encanto el hablar con la gente que aún lo habla, y es curioso: No hay dos pueblos en zamora en que se hable igual. Que delicia para atomizar de nacionalismos cada esquina, quieto Saura, quieto Puigcercós que ya estais dilatando con la sola idea de tanta identidad.
Pero vamos, hay rasgo que si que puedo destacar: de la gente de mi pueblo que está en madrid o Barcelona, solo hablán así en pachueco los que siguen apretando la misma tuerca desde hace 40años en la seat o limpiado el mismo vaso en madrid. Es, y así lo creo, un indicativo de fracaso e inadaptación.
"lus mious fiyos fonen pa madrid, cambionen el carru pul tasi y ganonen dineiro a feijes y mañizos, outros fonen mas fatos" "El miou fiyo casouse cun una rapaza nel castiñeiro"
El último nacido en mi pueblo, donde aún reside algo de mi, aún me puedo entender así con los abuelos de mi pueblo, pero nada más que eso. La evolución requiere adaptarte a los cambios, no perpetuarte en tu corral. ¿entiendes Puigcercós?
En fin.