15.6.08

Fútbol (y toros)

Está por hacer una sociología del futbol. Y no hablo siquiera del fútbol de élite. Hablo del fútbol en general. Analizar cómo el deporte fue sustituyendo, en el siglo XX, a las guerras como campa sobre debatir el honor entre los territorios.
Hoy tocó tarde de fútbol. El Zamora iba a Vallecas a intentar a remontar un cero uno en la ida y conseguir, así, el ascenso a segunda división. Catorce mil personas abarrotábamos el estadio. Sí, sí, catorce mil. Para que luego digan que en España la afición al fútbol se limita al Madrid o al Barsa.
El ambiente en un partido de fútbol suele ser más interesante que el propio fútbol. Jugó mejor el Rayo. Tiene más plantilla y más equipo. Le anularon un gol. El Zamora tuvo miedo. Llegó el descanso. Marcó el Rayo. El ascenso se iba. El Rayo bailó al Zamora. Y de repente, a falta de diez minutos, empata el Zamora, lo que lo situaba a un solo gol del ascenso. Fueron unos últimos minutos trepidantes. El fútbol es ese azar que se introduce de manera insospechada en los campos de juego. No siempre gana el mejor, ni gana el que más dinero tiene. Al final no pudo ser. Una lástima por el Zamora. Aunque me alegro por el Rayo.

PS: Y qué decir
de la Fiesta. El único espectáculo premoderno que sigue entre nosotros. La plasticidad del toreo es difícilmente alcanzable en cualquier otro arte.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado El Perdiu :
Soy un español - argentino (nacido en Argentina, nieto de españoles, ciudadano de ambos países y emocionalmente unido a ambos). Como tal, viviendo en Madrid me siento en mi casa.
Asimismo, soy un habitual lector de su blog, me cultivo con sus relatos de viaje y coincido con la gran mayoría de sus opiniones.
Expresado lo anterior, debo confesarle que, como a una gran mayoría de mis compatriotas argentinos, me resulta absolutamente incomprensible la pasión que muchos de mis compatriotas españoles sienten por un "espectáculo" tan sanguinario como el toreo. Por supuesto, desde un punto de vista liberal, lejos estoy de pretender prohibirlo, pero no puedo dejar de expresar que no veo en él más que sangre y una tortura sin sentido a un animal (por favor no comparar con la muerte de animales para alimentación). Dejo de lado la estética, materia opinable si las hay, que a mis ojos es absolutamente kitsch.
Por supuesto mis admirados romanos no dejarán de serlo porque se deleitaran con las luchas de gladiadores (en cuyos manejos de redes, espadas y tridentes seguramente los comentaristas de la época encontrarían "arte", "pasión" y "valor") ni los muy progresistas británicos del siglo XIX pierden un lugar en mi reconocimiento por emocionarse con las luchas entre un hombre y un oso.
Evidentemente este es un tema que no se enmarca en planteamientos ideológicos. De un lado podemos estar la Reina Sofía, Alaska y un comedor de chuletones (bien cocidos, no sangrantes) como el que suscribe estas líneas. Del otro, lo acompañan a usted el Rey, Esperanza Aguirre, Joaquín Sabina y el ministro Bermejo.
Sólo lamento que este sea un tema sobre el que cuesta mucho debatir objetivamente. Espero que el tiempo vaya cambiando esta circunstancia; subjetivamente, puedo asegurar que noto que la enorme mayoría de los jóvenes se conmueve mucho más con un gol de Villa o un mate de Gasol que con un espadazo de José Tomás. Por mi parte, enhorabuena.

Joao dijo...

Argentino, haces un análisis sincero y no acalorado del asunto. Me gusta loq ue dices que del lado de los del No estará la reina Sofía y del SI un tipo de izquierdas como Sabina.
Está claro, el toreo no es una cuestión de iedología, los nuevos caciques andaluces tienen por delante la Maestranza al paro.
Dicho esto, el problema del toreo, los problemas son dos y voy de mayor a menor:
1-El toreo genera mucha pasta, mucha. Y como decían en el Padrino, todo el mundo y tiene un precio.
2-Se está utilizando por parte del nacionalismo catalán (estás en España amigo) el ataque al toreo como un ataque más a todo lo que huela a español.
Esto hace que muchos, a los que ni fú ni fá el toreo (he ido a muchas corridas pero lo que mas me ha gustado es el almuerzo, el Cardhu y un buen Cohiba) esto hace que muchos que nos da igual nos alineemos a favor del toreo como contrapeso a esa tendencia.
En cuanto al nacionalismo vasco, sigue siendo de misica y putica como diría O.J. y ahí va incluido el toreo.

El Perdíu dijo...

Estimado lector argentino español. Gracias en primer lugar por estar ahí. Lo más fascinante de un blog son sus lectores, no le quepa duda. Respecto a su postura antitaurina, ni siquiera llego al estadio de mi amigo Joao. No soy taurino, ni taurófilo, y no me hago taurino porque a los nacionalistas catalanes no les gusten los toros. Pero su plasticidad es innegable. Igual que es innegable que es uno de los pocos espectáculos en los que la muerte, esa cosa innombrable que hemos aparcado en hospitales, sigue presente. Es la muerte contra el torero, en un espacio llamado alberto y en el que sólo uno seguirá con vida. Me parece sinceramente fascinante, y me parece fascinante que haya llegado hasta aquí, en estos tiempos de corrección política en que a uno lo hacen ministro por ser mujer y estar embarazado. En cualquier caso, entiendo su oposición, y comprenderá que no tenga para la Fiesta una defensa sesuda y razonable. Me parece interesante. Y me parece bien que se practique. y qué quiere que le diga. La distancia que va de ver en directo un mate de Gasol a la que va en ver recibir a porta gayola a un torero, es la que va justo de lo premoderno a lo posmoderno. Pero esto es, seguramente, cuestión de gustos.

Anónimo dijo...

Estimados El Perdiu y Joao :

Aprovechando la infrecuente oportunidad de conversar sobre este tema de un modo educado y enriquecedor (al menos para mí), desearía hacerles una pregunta :

En caso de existir un grupo considerable de aficionados a estas actividades (aunque fuese minoritario frente al total de la población) y cumpliendo con cierta metódica organización, ¿aceptarían que se legalizaran la riña de gallos, tomando en cuenta la creciente población del norte de Latinoamérica que habita en España? ¿y qué dirían en caso de que los osos pudieran reproducirse ampliamente en cautiverio, respecto de la pelea entre un hombre y un oso, que hacía furor en la Inglaterra victoriana?

Aceptando con el mayor de los respetos sus opiniones, aquí va la mía. Entre los excesos de Elena Salgado y los grupos ultranaturalistas y un proceso natural de cambios y progreso en la sociedad hay una gran distancia. Creo que entre quienes quieren hacer ingeniería social "a las tortas" y quienes no quieren cambiar nada hay una coincidencia muy habitual entre extremos. A mí no me molesta que un señor sea feliz fumando 60 cigarrillos por día, y hasta acepto que la sanidad pública se haga cargo de sus destruidos pulmones (¡madre mía, me estoy volviendo un socialdemócrata!); pero quiero seguir disfrutando de mi hace poco conquistado lugar de trabajo sin humo, y apoyo que no se pueda hacer publicidad del tabaco como si fuera una golosina.
Del mismo modo, no me va ni me viene que unos miles de personas paguen sus entradas para ver al "matador" de turno dar rienda suelta a su sadismo. Pero no apoyo, ni apoyaré que ese espectáculo (a mi juicio, en la acepción nº 4 de la RAE) sea transmitido por televisión en horarios aptos para menores ni que se destinen fondos públicos para su apoyo.