25.7.07

Los muertos

Varias reacciones me han llamado la atención ante la muerte de Jesús Polanco. Por un lado, el exquisito respeto con el que ha sido tratada su figura por parte de El Mundo, tras la leña mutua que se habían repartido durante los últimos quince años. También, el respeto con el que abecé ha tratado no sólo el óbito en sí sino al propio personaje. También me llama la atención el guante blanco del pepé, pocos meses después de que Polanco los acusara poco menos que de golpistas.

En el reverso, me llama la atención la inquina con la que sus acólitos han tratado a sus críticos. Los artículos del padre Gabilondo, de Estefanía, de Cebrián y de toda su tropa el domingo en El País, dedicados a Polanco, rezumaban un rencor mal contenido contra cualquiera que lo hubiera criticado durante estos años; menos pedófilos, les han dicho dicho de todo: golpistas, reaccionarios, insidiosos, mezquinos, conspiradores, fascistas, derecha extrema…

En fin, a mi el personaje nunca me cayó bien. Forma parte de esa tradición tan española del empresario que se hace rico a la sombra del poder y que ya nunca lo abandona. Pero la muerte nos iguala a todos. Y creo que, en la muerte de una persona, lo mejor es reconocer sus virtudes: levantó un imperio y fue quizá el primer empresario de comunicación en sentido moderno que ha habido en España. Y supo convertir a El País en el medio escrito de referencia durante más de veinte años en nuestro país.

Ya digo, la muerte nos hace a todos iguales, y como yo siento un profundo respeto ante la muerte, lo único que puedo desearle es que descanse en paz, Jesús Polanco. Y que la tierra, también a él, le sea leve.

Corolario de hoy

La consigna estaba clara. Los institucionalistas no vamos a la zarzuela, ni a los toros, no a los colmados, y en la medida de lo posible evitamos el trato sexual con españolas, esos animales con anillos de oro colgando de las narices, cubiertas de pedrería, plumas y bordados, la navaja en la liga y la falda chorreando sangre.

La Institución [para Giner] era un islote de Europa en un océano de barbarie.

Marco, José María: Francisco Giner de los Ríos: pedagogía y poder. Península, Barcelona, 2002. Página 332


3 comentarios:

halcón dijo...

A Polanco se le tenía, y se le tiene, mucho miedo en la derecha.

Anónimo dijo...

Yo opino lo mismo que la muerte a todos nos iguala. Hemos visto a todos los políticos nacionales alabandole.¿Qué tiene que ver Polanco con el PP?(exclyendo a Ruíz Gallardon). Y tampoco ha faltado ningún bien mandado en el tanatorio como era de esperar.

Benjamín dijo...

Podría haber hecho una gran labor si hubiese creado un grupo de comunicación independiente y crítico con el poder en todas las circunstancias. No fue así. Lo que hizo con Liaño fue una vileza. Descanse en paz.