Aunque no me gusta hablar de trabajo, el almuerzo de hoy, en el que hemos debatido sobre las políticas públicas de empleo, me empuja a dibujar sobre el papel algunas reflexiones, que espero poder contrastar con algún desocupado lector y que quizá algún día me atreva a desarrollar más en serio.
Creo que en las políticas públicas de empleo que se desarrollan actualmente en las diferentes Comunidades Autónomas españolas hay un error claro de concepto. Nos imaginamos al mercado como algo imperfecto, e imaginamos que si la oferta y la demanda no casan adecuadamente, es porque no se conocen la suficiente. Por eso, imaginamos que si nos gastamos el dinero haciendo que se encentren, todo se resolverá. Imaginamos también que todos los desempleados quieren trabajar, y que lo que pasa es que no tienen un nivel de empleabilidad suficiente; por eso, suponemos que gastando el dinero en orientarlos, podremos haber resuleto el problema.
Creo que, desgraciadamente, ambas premisas son falsas. Las causas del paro en Extremadura, vg., no son que el demandante y el oferente no se conozcan adecuadamente, o que el desempleado no sepa bien lo que quiere. Las causas son más complejas y, probablemente, más difíciles de gestionar desde la Administración Pública.
El ritmo al que se han lanzado los Servicios Públicos de Empleo autonómicos es un ritmo desenfrenado. Gerentes que aparecen para explicar el aumento del paro en su región mes tras mes, aunque sus políticas no influyan en los datos, aumentos de gasto en tecnología, aunque la tecnología por sí misma no resuelva nada...
En fin, la brutal juridificación a la que se ha sometido la Administración autonómica, supongo que para parecer una Administración de verdad, hace que las políticas públicas de empleo se asemejen mucho al
lecho de procusto: subvenciones que se dan con tal de que se cumpla la ley, y cuidado con salirse del procedimiento. Si alguna cosa es útil, pero se sale del procedimiento, no se llevará a cabo. Algo perfectamente inútil, pero que cuadre en la orden de subvención, recibirá dinero.
Al final, la paradoja del dinero; a una empresa la frío a impuestos, que luego le devuelvo en forma de subvención para que contrate a alguien. ¿No sería más fácil no cobrarle esos impuestos que luego le devolvemos en forma de subvención? Lo que pasa es que estamos en una espiral muy perversa a la que han entrado los "
socialistas de todos los partidos". A más gasto público o social, mayor bienestar, cuando no tiene porqué ser así obligatoriamente.
Ahí va una solución incorrecta. Declaremos las zonas con más paro de España zonas cero en cuanto a impuestos...
Veríamos lo que tardaba en activarse la economía...
PD1: En muchas cosas relacionadas con el empleo, lo mejor que puede hacer la Administración es no estorbar...
PD2: Siguen los viajes. Inacabable perspectiva