5.11.06

Llueve

La lluvia es capaz de abstraer mis sentidos.
Me gusta oirla.
Me gusta olerla
Me gusta sentirla.
El cielo está gris.
Frente a mi ventana, el bosque de castaños.
Jimena lee (rome, le encantó la piel fría).
Mis padres están bien; él se ha calzado las botas para ir al huerto, ella prepara el almuerzo.
Quizá sólo en otoño me sienta así.
Quizá la felicidad sólo sea posible en perspectiva.
Quizá se parezca a esto.

PS: mañana, lunes, todo el día en Palma.

2 comentarios:

Jimena dijo...

Sí, Rome, a veces los prejuicios se le tuercen a una.

Mantengo todo lo dicho sobre la literatura española de hoy pero reconozco que, aunque tenga todos los ingredientes de un libro para mí en principio prescindible, La Pell Freda me sorprendió y me gustó (mucho).

Gracias por la recomendación y saludos a Hans Castorp.

Hornuez dijo...

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.

Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.

Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.

Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.

Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados...


El nen del poble sec.